En el sector de aceites vegetales, la calidad no es solo una característica técnica — es un valor competitivo directo en mercados internacionales como Europa, América Latina y el Medio Oriente. Un caso reciente de una fábrica exportadora de aceite de maní en India demuestra cómo optimizar cada etapa del proceso de prensado puede elevar significativamente la satisfacción del cliente y reducir costos operativos.
La primera etapa, la limpieza de materias primas, tiene un impacto directo en la pureza final del aceite. En estudios comparativos, se observó que una mejora del 15% en la eficiencia de eliminación de impurezas (como tierra o semillas dañadas) reduce el contenido de residuos sólidos en hasta un 40%, lo que disminuye el riesgo de oxidación durante el almacenamiento. La temperatura óptima para la trituración debe mantenerse entre 40–50°C para evitar la degradación prematura de los ácidos grasos.
| Proceso | Técnica Tradicional | Tecnología Moderna |
|---|---|---|
| Temperatura de cocido | 70–85°C | 60–65°C (control preciso) |
| Rendimiento de aceite (%) | 38–42% | 44–47% |
| Aroma y sabor | Fuerte, tostado | Suave, natural |
El uso de prensas de tornillo de última generación permitió a esta empresa lograr una separación más limpia entre el aceite y la torta residual, aumentando la eficiencia energética en un 18%. Además, el control automático de temperatura y presión previene la formación de compuestos indeseables como aldehídos o peróxidos, que afectan la vida útil del producto.
El análisis de mercado muestra que el 62% de los compradores europeos prefieren aceite de maní frío prensado por su mejor perfil nutricional (más vitamina E, menos oxidación), mientras que el 38% opta por el caliente por su mayor rendimiento y aroma intenso, ideal para cocina tradicional asiática.
Los datos de laboratorio indican que el aceite frío retiene hasta un 25% más de ácidos grasos insaturados y tiene un índice de peróxido promedio de 3 meq/kg, frente a 6–8 meq/kg en el calentado. Esto lo convierte en opción preferida para clientes premium en EE.UU., Canadá y Japón.
La clave está en adaptar la tecnología a la demanda del mercado objetivo. Una sola planta puede producir ambos tipos si cuenta con sistemas modulares de control térmico y separación.
Lo más importante no es solo mejorar la máquina, sino también ofrecer soporte técnico postventa. Las empresas que implementan programas de capacitación para operarios locales ven una reducción del 30% en fallos técnicos y una mejora del 22% en la consistencia del producto.
Para quienes buscan avanzar en calidad y rentabilidad, el camino es claro: invertir en procesos medibles, documentados y replicables. No se trata solo de “mejorar”, sino de transformar la operación desde dentro.
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